IO FERNANDEZ VEGA


El glaucoma, la segunda causa de ceguera en el mundo, es una enfermedad progresiva y crónica en la que se produce daño en el nervio óptico. Éste es el encargado de transmitir la información desde la retina al cerebro, por lo que si sufre daños provoca una pérdida de visión.

El glaucoma se debe a la pérdida progresiva de fibras nerviosas del nervio óptico. Este fenómeno se produce por un aumento de la presión intraocular en el ojo, que a su vez ha sido desencadenada por un incremento del volumen de humor acuoso (líquido que se encuentra en el interior del ojo para dotarle de rigidez, y que se renueva constantemente)

El aumento de la presión intraocular es el principal factor de riesgo para el desarrollo del glaucoma. Sin embargo, también existe un tipo de glaucoma en el que el daño del nervio óptico se produce con presiones intraoculares normales.

“LA PRESION INTRAOCULAR ELEVADA AUMENTA EL RIESGO DE PADECER GLAUCOMA”.

El glaucoma es una enfermedad silenciosa, que no suele producir síntomas hasta fases avanzadas. Se va perdiendo campo visual de forma lenta y progresiva, de manera que el paciente no se da cuenta y puede llegar a perder totalmente la visión. El 50% de los pacientes con esta patología no saben que la padecen. Sólo en el caso de un ataque de glaucoma agudo, aparecen algunos síntomas como enrojecimiento del ojo aparición de dolor muy intenso, que puede acompañarse de visión borrosa, náuseas y vómitos.

A partir de los 40 años, es importante someterse a una revisión ocular cada uno o dos años que consiste en medir la presión intraocular y en realizar una evaluación clínica. Tienen mayor riesgo de padecer esta enfermedad los mayores de 60 años, las personas con antecedentes familiares de glaucoma, raza negra, miopes altos o personas con otras enfermedades oculares.

El único factor de riesgo conocido y contra el que se puede luchar es la presión intraocular alta. Al tratarse de una enfermedad crónica, el tratamiento es de larga duración y es muy importante el cumplimiento del mismo para conservar la visión y mantener la calidad de vida. Podemos disminuir la presión intraocular mediante fármacos (colirios), tratamientos con láser o cirugía. Con la reducción de la presión intraocular, se consigue ralentizar o incluso llegar a detener la progresión del glaucoma.

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